Un comentario sobre las Teorías sexuales infantiles, por Gisela Avolio

¿Por qué hacer un comentario sobre las teorías sexuales infantiles y su relación con la práctica del psicoanálisis con niños? Porque tienen una función trascendental en la constitución del sujeto del inconsciente como Freud descubrió y Lacan retomó.

Al comienzo de este texto, “Teorías sexuales infantiles” que es de 1908 (1), Freud se pregunta si es pertinente atribuir a todos los niños la existencia de estas teorías en las épocas infantiles; se responde que sí, por la convicción de que no hay niño que no atraviese sus años infantiles sin que los problemas sexuales ocupen en algún momento sus pensamientos.

Si bien él aclara que lo que va a decir deviene de su observación directa de las manifestaciones infantiles, es fundamentalmente el efecto del análisis de los sueños y de la reconstrucción de los recuerdos de los pacientes neuróticos que escuchó (esto lo hace más impresionante aún) que le permite afirmar que las teorías sexuales infantiles son indispensables para la concepción de las neurosis por el valor que conservan en la formación de los síntomas. 

Es un artículo que está escrito de un modo particular, como otros de los textos freudianos que están plenos de una lógica. Por un lado, encontramos ejemplos de ocurrencias de los niños relatadas de un modo accesible, algunas causan mucha gracia; y por otro lado hay un orden específico que él establece entre estas teorías que para mí no fue evidente de entrada en la lectura.

Freud dice que al niño lo atosiga el primer y gran enigma humano, ¿de dónde vienen los niños? , y que encaminado a conocer el origen de los niños a través de las investigaciones infantiles (por ejemplo la observación de que el bebé se gesta en la panza de la madre) alcanza un punto en el que ya está al borde de resolver el problema, pero justo allí lo obstaculizan “el desconocimiento de un dato insustituible y sus teorías erróneas…que a pesar de que todas yerran de un modo grotesco, cada una de ellas contienen alguna parte de verdad”.

Voy a detenerme puntualmente en este párrafo para tomar el segmento de las “teorías erróneas”.

Uds saben que la primera a la que se refiere es a la de “atribuir a toda persona, incluso a las de sexo femenino, órganos genitales masculinos como los que el niño conoce por su propio cuerpo” y esto –dice Freud- porque es parte del desconocimiento del niño respecto de la diferencia sexual. Es decir que con esta teoría la investigación del niño que daría el conocimiento de la existencia de la vagina, queda interrumpido. De lo que se desprende que es la teoría la que obstaculizaría el desarrollo hacia ese conocimiento. 

Este obstáculo trae una nueva consecuencia, ese desconocimiento de la vagina da lugar a la segunda teoría que como es sabido, es la teoría llamada “de la cloaca” por tanto, los niños son paridos por el ano y una segunda “bis”: el padre también puede tener niños. 

Este desconocimiento se irradia a la tercera teoría con la que tampoco se halla el dato que faltaba saber, aportando ahora una interpretación del coito entre los padres como de carácter sádico (teoría sádica del coito); por la que una parte más fuerte impone algo a la más débil.

Es decir que hay una condición de una a la otra. La aparición de la primera condiciona a la segunda y sucesivamente. Esto es lo que llama la atención, y a esto me refería con que hay un orden específico que no es cualquiera y que no tiene que ver con una cronología de edades. 

Oscar Masotta se refirió al respecto al decir que la primera no se trataría de una teoría porque una teoría es la respuesta a un enigma, sexual en este caso; lo que ubicamos como la primera teoría -que es “la premisa universal”- sería más bien la condición del enigma. No resuelve el enigma, sino que es condición para que se instalen las otras dos teorías consecuentes.

Sería entonces algo así: como todo el mundo tiene pene (condición), adviene el enigma: ¿cómo puede haber diferencia de sexos? ¿Cómo nacen los niños? ¿Qué significa estar casado? Como base para que pueda haber enigmas y conflictos está la premisa universal.

Me detendré en los otros dos segmentos del texto “contienen algo de verdad; desconocimiento de un dato insustituible

¿Porque contienen algo de verdad?

Para Freud –esto es lo que argumenta en el texto- estas teorías tienen algo de verdad porque están inspiradas por el estado de la sexualidad del niño. 

“La parte de verdad integrada en estas teorías sexuales infantiles se explica por su derivación de los componentes del instinto sexual, activos ya en el niño {…} no son el fruto de un capricho psíquico ni de impresiones casuales, sino de una necesidad de la constitución psicosexual”. 

Esto quiere decir de una exigencia que la constitución sexual le imponga. Por eso Freud comenta en referencia a cada teoría, cuál sería esa exigencia que no es otra que pulsional, del momento. Entonces para la primera teoría dice que “en la infancia el pene es la zona erógena directiva, el principal objeto sexual autoerótico, y el valor que el sujeto le concede se refleja lógicamente en una imposibilidad de representarse a una personalidad análoga a él, sin un elemento tan esencial.” Para la segunda teoría agrega que deviene de un resto de la actividad erótica anal; y para la tercera teoría que estarían en juego las pulsiones crueles que se enlazan a la excitación genital y la masturbación, con un componente sádico.

Lo que Freud supo ver, acá retomo palabras de Masotta, es que las teorías son una conexión que el niño hace entre un enigma y una experiencia corporal. Es la respuesta a un enigma hecha desde el contexto de una experiencia.  Quiere decir que el valor de verdad que la teoría tiene está enlazada a una experiencia de goce del propio cuerpo, si el niño puede responder “los chicos nacen por el ano” es porque él conoce algo de ese goce corporal por ejemplo en la expulsión de los excrementos (2). 

A su vez considero que el texto está también atravesado en toda su extensión por el tema de la verdad en otro sentido. Freud dice al final y en otros momentos también lo menciona, “lo que así descubren los niños es casi siempre la verdad; esto es, la existencia de la vagina y su destino”. 

Entiendo que cuando Freud se refiere a la verdad en estas teorías –y en esta época-, para él tiene que ver con algo que se descubre y al que se arriba, de hecho, lo llama “dato insustituible”, un dato que se alcanzaría a conocer (primero la existencia de la vagina; luego lo sitúa en la pubertad en relación al contenido seminal), y que finalmente sucumbiría a la represión, y que se podría decir no es otro que la falta de falo en la madre. 

Con la lectura de la obra de Freud que hace Lacan nos encontramos tanto en el seminario “Las relaciones de objeto” (3) y en el “Mito individual del neurótico” (4) otra vuelta en relación a la verdad, lo complejiza. Lacan se refiere a dichas teorías sexuales en un momento del seminario en el que está abordando el caso de Juanito, allí resalta la importancia que le dió Freud y por eso él también se va a detener en este punto, diciendo que lo que está implicado en ellas es algo no del orden de la intelectualización, sino del cuerpo y de aquello que lo afecta al niño. 

Entonces él propone para poder abordar mejor este tema de las teorías, la noción de mito. ¿Por qué? Porque el mito tiene una serie de características que le son útiles para establecer una contigüidad con las teorías infantiles. 

Lacan dice que los mitos abordan la relación del hombre con algo. ¿Con qué?

Con temas de la vida y la muerte; la existencia y la inexistencia, o la aparición de lo que todavía no existe. O sea, los temas vinculados por un lado con la existencia del propio sujeto, y por otro con el hecho de estar sujeto a un sexo natural. 

Él dice que a esto consagran su actividad mítica los niños y que en este caso no sería muy distinto a lo que constituyeron siempre los mitos: la creación del hombre; el origen de los recursos humanos; y la presencia siempre de una fuerza secreta (mala o buena) pero sagrada que mantiene una relación con el hombre por ejemplo Dios.

Lacan propone pensar esa fuerza sagrada de los mitos de la antigüedad como idéntica al poder de significación, es decir que esta fuerza secreta y sagrada en relación con el hombre, sería el significante, como instrumento que permitiría medir o nombrar las cosas de la naturaleza.

Y en este sentido, ¿qué permitiría el uso de las construcciones míticas en el niño? Precisamente “la introducción del significante en la cadena de las cosas naturales” (3). 

Construcciones míticas que tienen la función de ir integrando de un modo progresivo con transformaciones, que hay un pasaje del juego con la madre alrededor del falo, al juego de la castración en relación a la función padre. 

Lacan aísla una serie de características del mito:

Una es que se presenta como un relato, otra es que tiene una estructura en dónde se pueden identificar lugares, o constancias que se repiten y en dónde el movimiento de uno de sus elementos supone al mismo tiempo la modificación sobre otros. Es por esto que va a decir que en las construcciones míticas de los niños no es lo más importante cubrir de sentido a cada elemento (tal como el padre de Juanito hizo con los relatos del niño) sino más bien discernir las funciones de los elementos que insistan, y sus relaciones con otros significantes.

Otro sesgo que resalta de los mitos es que tienen carácter de ficción, esta ficción mantiene siempre una singular relación con algo que está detrás implicado, y esto es la verdad: “lo que se aísla en el mito es siempre algo oculto, algo que en sí no significa nada, pero sin duda es portador de todo el orden de las significaciones”. (3) Hasta llegar a afirmar que “la verdad tiene estructura de ficción”.  En el “mito individual” se refiere de un modo que lo amplia “el mito es lo que da forma discursiva a algo que no puede ser transmitido en la definición de la verdad” (4). 

Ahora bien, ¿Qué quiere decir que la verdad tiene estructura de ficción?

Lo más evidente es que el acceso a la verdad supone un rodeo, un recorrido. La verdad para poder decirse a medias necesita de un estatuto de ficción, una novela que el sujeto pudiera construir “las anécdotas que hacen al fantasma; significantes que entre sí se excluyen o se incluyen se cruzan, lo anecdótico, lo que está sucediendo en el momento, eso es lo que hace ficción”. (5)

Ahora cabe preguntar ¿cuál es la verdad del sujeto en juego? 

En principio podríamos decir que no es lo opuesto a lo falso. Lacan se refiere a este término en Radiofonía (6), cuando al jugar con el “cristal de la lengua” se refiere a la etimología en latín lo falso, que es falsus: lo caído, en ocasión de su interés por resaltar el valor operativo de una interpretación en el análisis en tanto que su efecto de verdad es palpable cuando algo cae (el valor de un sentido, por ejemplo). De este modo no habría una relación de contrariedad entre lo verdadero y el falsus, como tampoco lo habría entre las teorías sexuales infantiles y su falsedad, ya que portan una verdad. 

Continuando con nuestra pregunta tampoco podríamos decir que la verdad del sujeto en juego es una palabra determinada que la condense, porque no habría un significante que la represente ni se trataría de lo que no se ha esclarecido lo suficiente porque se desconoce (por ejemplo, la existencia de la vagina) porque se estaría obviando el mecanismo de la represión. O sea que por todo esto la verdad no sería un dato.

Entonces, esa ficción sería lo necesario para que la verdad pueda ser bordeada o se rodee; pero no el sentido de un “ir hacia la verdad” que tendría más que ver con el camino hacia el descubrimiento del “dato insustituible”; sino entendiendo que la verdad es que hay algo no sabido que sostiene el relato, sin el cuál no habría sustituciones.

En un artículo presente en el libro “La verdad, entre psicoanálisis y filosofía”, Catherine Millot dice que la formula lacaniana “la verdad tiene estructura de ficción” enuncia que la ficción tiene una estructura que remite a una verdad {…} hace ficción de la irrupción de lo sexual, {…} tiene el propósito de simbolizar lo que siempre quedará como una parte irreductible a toda simbolización, lo real del sujeto como viviente sexuado, cuya dimensión traumática nunca es eliminable {…} y para siempre estará despojado de sentido” (7).

En consecuencia, la verdad del sujeto en juego podemos decir es su relación al sexo, y su relación con el sexo es la castración. Es decir que la verdad siempre está relacionada con la castración y con la diferencia, que es sexual. 

Finalmente, y en articulación con el quehacer del analista con niños, no es que redundando con explicaciones basta para que algo sea admitido por el sujeto como enseña Lacan; sino que es necesario que el sujeto de vueltas varias veces por diferentes circuitos que formarían parte del trabajo de elaboración, como en el caso de Juanito pudimos aprenderlo, para que esta entrada de lo simbólico sea efectiva y a cuyo fin vienen a construirse las teorías sexuales infantiles. 

 

Bibliografía consultada

  1. S. Freud, “Teorías sexuales infantiles”, 1908. Obras Completas. Ed Hyspamérica. Argentina
  2. N. Ferreyra, “Trauma, duelo y tiempo”, Ed. Kliné, 2000, Argentina.
  3. J. Lacan, Seminario “Las relaciones de objeto”, Ed Paidós, Argentina. 
  4. J. Lacan, “El mito individual del neurótico”, 2001, Ed Manantial, Argentina. 
  5. N. Ferreyra, “Verdad y objeto en la dirección de la cura”,1994, Ed Kliné, Argentina. 
  6. J. Lacan “Radiofonía”, 1977, Ed Anagrama, Argentina. 
  7. C. Millot “Los enredos de lo verdadero”, 2008, Ed Nueva Visión, Argentina. 

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